Reservación en línea
El huésped pone fechas y cuántos son, ve lo que está libre con su tarifa, paga con tarjeta y queda confirmado. A cualquier hora, sin que nadie conteste.
Producto · Hotelería y ecoturismo
Zeia Hospedaje es el sistema con el que un parque, un hostal o un conjunto de cabañas vende sus noches directamente: catálogo, disponibilidad, pago con tarjeta y confirmación inmediata, más la recepción, la tiendita, los inventarios y el libro de caja del mismo negocio. Lo construimos nosotros y ya está operando.
Son los mismos en un parque de diez cabañas que en un hostal de veinte cuartos, y ninguno aparece como gasto. Salen de tu utilidad de todas formas.
Es lo que cobra una agencia de viajes por mandarte un huésped que además se queda con ella, no contigo.
Un calendario compartido entre varias personas produce conflictos, y el conflicto siempre se descubre el día de la llegada.
Quien quiere reservar fuera de horario espera a mañana o se va con el de al lado. Casi siempre se va.
Una llamada, un WhatsApp, una anotación a mano. El mismo trabajo para una noche de camping que para la suite.
Vender una noche, cobrarla y no venderla dos veces es lo que hace que esto sea un sistema y no una hoja de cálculo. Va completo en cualquier instalación y no hay forma de apagarlo.
El huésped pone fechas y cuántos son, ve lo que está libre con su tarifa, paga con tarjeta y queda confirmado. A cualquier hora, sin que nadie conteste.
La base de datos rechaza dos estancias sobre el mismo espacio físico. No es una revisión que puede fallar bajo presión: es una regla que el motor no deja romper, ni aunque dos personas paguen en el mismo segundo.
El que se cotiza, el que se cobra y el que queda guardado son la misma cifra, calculada por el sistema y nunca por el navegador del huésped.
Recepción levanta la reservación que llegó por llamada al precio que se acordó. Cae en el mismo calendario que las de internet, así que no hay dos verdades.
Defines qué fechas son temporada alta y el sistema aplica la tarifa que toca. Nadie consulta una lista de precios ni hace la cuenta a mano.
Quién llega, qué día y a qué unidad, con su teléfono. El huésped recibe su confirmación por correo con la referencia y las reglas de la casa.
Ningún módulo es una promesa a futuro: los veinticinco existen, están probados y viajan en tu instalación desde el primer día, apagados. Empiezas con el núcleo y enciendes lo que tu operación pida, cuando lo pida.
Dar de alta y editar cabañas, habitaciones y zonas sin llamarnos.
Cambiar precios cuando quieras, con el historial de qué costaba cada noche.
Cuánta gente admite cada unidad: mínimos, máximos, adultos y niños.
Reglas finas cuando el mínimo y el máximo no alcanzan: dos adultos, o dos adultos y un niño.
Una lista compartida en lugar de texto libre repetido cuarto por cuarto.
La galería de cada unidad, en el orden exacto en que el sitio la muestra.
Las semanas que los dueños se reservan cada año, sin tener que borrar nada.
Las actividades y los lugares que tu página pública muestra al visitante.
La familia que renta dos cabañas paga una sola vez y llega con una sola referencia.
Porcentaje o monto fijo, con tope y limitados a las unidades que elijas.
Días antes de llegar, el huésped llena sus datos y su identificación desde su teléfono.
Consulta su reservación con un enlace propio, en vez de marcarle a recepción.
La confirmación llega por el canal donde tus huéspedes ya te escriben.
Tu gente se entera de una reservación nueva sin revisar la copia del correo del huésped.
Qué estancias ya ocurrieron de verdad, que es de donde sale el historial de cada huésped.
Quién ha estado, cuántas veces y cuánto ha dejado. Tu lista, no la de una agencia.
Correos y teléfonos a los que no les tomas reservación, con registro de cada excepción y de quién la autorizó.
Efectivo, transferencia y terminal, registrados contra la reservación y contra quien los recibió.
El reembolso sale de verdad al cancelar, en lugar de quedar como una nota que alguien tiene que recordar.
Todo lo que entra y todo lo que sale, bajo tu propio árbol de categorías y con sus impuestos.
Ingresos, ocupación unidad por unidad y qué hizo cada espacio en el periodo que elijas.
Lo que vende el mostrador, cargado al cuarto del huésped o cobrado aparte.
Qué hay, en qué almacén está y qué se movió. Tienda, cabañas, habitaciones, lavandería.
Caminatas, tirolesa, renta de equipo: el catálogo que recepción vende y agenda.
Perfiles distintos para dueño, gerencia, recepción, contabilidad y mantenimiento. Nadie ve de más.
Un parque ecoturístico en Mascota, Jalisco, con seis cabañas, tres habitaciones dentro de un hostal y una zona de camping. Diez unidades que se venden en varias combinaciones: una cabaña completa o la mitad, un cuarto solo o los dos cuartos juntos.
Esa es exactamente la clase de catálogo donde el calendario de papel falla, porque vender un producto deja de vender otros dos sin que nadie lo note. El sistema lo resuelve por espacio físico y no por nombre, así que la protección no se rompe cuando le cambias el nombre a una cabaña.
Ver rocavenados.com ↗
Un pago de implementación y una mensualidad. Nada que dependa de cuánto vendas, porque el objetivo del producto es justamente que dejes de pagarle un porcentaje a alguien por vender lo tuyo.
Tu catálogo cargado con fotos y tarifas reales, tu sitio de reservaciones, la pasarela de pago a tu nombre y capacitación a tu equipo.
El sistema corriendo con respaldos diarios, certificado de seguridad, actualizaciones y quien te contesta cuando algo no cuadra.
Ni un peso de cada noche que vendas. Si el sistema te trae más huéspedes, el beneficio completo es tuyo.
Si tu caso es alguno de estos, te lo decimos en la primera llamada en vez de venderte algo que no te sirve.
Sin presentación genérica. Cargamos tus unidades, tus tarifas y tus temporadas en una demostración, y ahí decides si esto le sirve a tu propiedad.