Cómo trabajamos
Siete etapas, entrega cada semana y una demo cada viernes. Vas a saber en qué vamos sin tener que preguntar, y vas a poder frenar el proyecto en cualquier punto.
Nos sentamos contigo, en tu planta o por videollamada, y recorremos tu operación de principio a fin: quién captura qué, dónde queda esa información, quién la revisa y en qué punto se rompe. No traemos una presentación, traemos preguntas.
Un problema sin número no se puede priorizar. Convertimos lo que nos contaste en horas al año y en pesos: cuánto cuesta hoy hacerlo a mano, cuántas personas están atrapadas ahí y qué se deja de vender por culpa de eso. Ese número es el que después define por dónde empezamos.
Ese mismo número queda en tu propuesta, para que sepas desde antes de arrancar qué retorno esperar y en cuánto tiempo.
La solución planteada por escrito, en español y sin jerga: qué se va a construir, qué queda fuera, en cuántas semanas y a qué precio. El precio es fijo y el alcance está firmado antes de escribir la primera línea de código. Si a mitad del proyecto pides algo que no estaba, se cotiza aparte y tú decides.
Con la propuesta aceptada y el primer pago, el proyecto entra a calendario. Antes de programar acordamos lo básico de convivencia: quién de tu lado decide, por dónde nos escribimos y qué día de la semana revisamos avance. Suena menor y es lo que evita el 90% de los malentendidos.
Antes de escribir una línea de código te enseñamos cómo se van a ver y a comportar las pantallas reales. Las revisas con la gente que las va a usar todos los días y nos dices qué sobra, qué falta y qué no se entiende. Cambiar un diseño toma horas; cambiar un sistema ya construido toma semanas.
Aquí es donde se resuelve el miedo de "mi equipo no es bueno con la tecnología": el sistema se ajusta a cómo ya trabajan, no al revés.
Trabajamos en ciclos de una semana. Cada semana cierra con algo funcionando que puedes abrir y usar tú mismo, no con un reporte de avance. Si algo no es lo que esperabas, se corrige la semana siguiente, no tres meses después cuando ya no hay vuelta atrás.
Cuando el alcance está completo te entregamos el producto terminado, probado y documentado, con las instrucciones de instalación y puesta en marcha. Si prefieres que nosotros lo dejemos corriendo en tu infraestructura, lo hacemos, y eso se cotiza por separado desde la propuesta para que sepas de entrada si lo quieres incluido o no.
Lo ponemos por escrito antes de firmar. Preferimos una conversación incómoda al principio que una factura sorpresa al final, que es exactamente donde se rompen las relaciones con los proveedores.
Nada de esta lista aparece a mitad del proyecto. Lo que va incluido y lo que no queda escrito en la propuesta que firmas antes de arrancar.
La forma tradicional de contratar software es la peor posible para el cliente: pagas, esperas meses y hasta el final descubres si entendieron lo que pediste. Para entonces cambiar algo cuesta rehacer medio sistema.
Entregar cada semana invierte el riesgo. Ves el sistema crecer, lo usas mientras se construye y corriges de inmediato lo que no era. Al final no hay sorpresa, porque llevas semanas usándolo.
Un malentendido detectado en la semana 2 cuesta horas. El mismo malentendido detectado en la semana 10 cuesta semanas.
Cuando la gente usa el sistema desde la mitad del proyecto, el día de la entrega ya nadie le tiene miedo.
Al ver el avance real decides qué vale la pena hacer después, en vez de haberlo decidido todo el primer día.
Cada viernes hay algo que abrir y usar. Si una semana no hubo avance, lo vas a notar de inmediato.
Sin costo, sin compromiso y sin que te comprometas a nada más que a contarnos cómo trabajas hoy.